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Today: Feb 06, 2012

Frase del Día

Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados. -

Oración de madrugada

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Madrugar no es la costumbre más extendida, al menos voluntariamente. Aunque hay muchas personas que tienen que madrugar, no les queda más remedio. Tienen que llegar a tiempo al trabajo, de lo contrario se le pueden complicar las cosas. Yo tenía un amigo, no cura, que decía a otros amigos: “Hay cosas que si no las haces antes de las ocho de la mañana, seguramente se te quedarán sin hacer”. Él lo hacía. Y el tiempo se le multiplicaba. Le pasaba lo que a Jesús, que salía de madrugada a orar y después se iba “a la tarea, que para eso había salido”. Los últimos versículos del Evangelio de este domingo son significativos en este sentido (independientemente de que esos mismos versículos puedan ser interpretados de otra manera).

1. Dos relaciones humanas imprescindibles. Las relaciones humanas, es decir, las relaciones típicas de los humanos y que humanizan, hay que mimarlas por encima de todo. Relaciones humanas en particular hay muchas, pero en el fondo hay dos tipos de relaciones humanas que están a la base de una amplia gama de acciones particulares: la relación con Dios (digamos incluso con lo trascendente, para quienes tienen sentido religioso pero no la personalizan en Dios) y la relación con los semejantes. No se identifican; tampoco debieran contraponerse. Sencillamente cada una tiene su tiempo. La relación con Dios tiene como centro privilegiado la oración. La relación con los semejantes se materializa en el servicio que se les presta. Desde el Bautismo Jesús tiene muy claras estas dos relaciones y las vive con intensidad y largueza.

2. De madrugada salió a orar. Al menos aquel día no lo dejo para más tarde. Sin ruido (aún dormían sus queridos amigos, “Simón y sus compañeros”) salió a un lugar solitario. Y se puso a orar. “¿A qué?”, dirá alguien. “A orar”. Debió de ser una experiencia pasmosa ver a Jesús orando, escuchando y hablando con el Padre (ya para él el Abbà). Seguramente se quedaba prendado de la primera palabra. Teresa de Jesús, gran orante que no le llegó a Jesús, comentando la primera palabra del Padre nuestro, escribe: “¿Cómo dais tanto junto a la primera palabra?” (junto a equivale aquí a juntamente, en, etc.). Nosotros solemos necesitar bastantes más palabras para orar. No pasa nada por ello. Pero si un día, o muchos, tenemos suficiente con una palabra, palabra que se escucha y se acoge, no hagamos problemas, quedémonos con ella.

3. Los despertadores. “Simón y sus compañeros fueron en su busca”. Seguramente conocían el lugar de otras veces. Se esperaban una jornada grandiosa en torno a quienes el Sanador había curado la víspera. No sería aún muy tarde y ya habían podido ver en la ciudad (casi eso era Cafarnaún) la cantidad de gente que le esperaba. Aquello iba a ser apoteósico. Se lo recordaron a Jesús, por si acaso Él no había caído en la cuenta: “Todos te buscan”. ¡Todo emborracha en esta vida! Jesús escuchó en silencio. Llevaba ya horas de silencio y ellas le habían acostumbrado a escuchar así, en silencio. No le pareció oportuno en esta ocasión largarles un discurso. Pero estaba despierto. La oración le había levantado la somnolencia.

4. “Vámonos a otra parte”. Seguramente “Simón y los compañeros” se quedaron de piedra. Es probable que se mirasen unos a otros y que sin palabras (¡por si las oía el Maestro!) se dirían: “A este hombre no hay quien lo entienda. Los tiene a todos en un puño y se larga a la aventura. ¡Qué caprichos tiene este Jesús!”. Pero Jesús no era un niño caprichoso, que desprecia lo que le dan y pide cualquier otra cosa, aunque sea una baratija. Jesús sabía lo que le esperaba ese día: “Vámonos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido”. Para eso salió de casa por la mañana y para eso había salido otra mañana más larga del seno del Padre. Y se fue a otros pueblos.

 

Moraleja: Parece que madrugar para orar no es malo, aunque pueda parecer “extraño”. Ni roba tiempo a tanto como hay que trabajar. Por el contrario: en su momento adecuado otro nuevo encuentro nos espera y a él caminaremos frescos, convencidos y decididos.  

Actualizado (Jueves, 02 de Febrero de 2012 18:49)

 
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