Frase del Día
“Virtudes burguesas”, “virtudes evangélicas”

Jesús no sólo enseña "en nuestras plazas", como recordaba el evangelio del pasado domingo. Jesús enseña también en "banquetes". Era costumbre invitar a un "orador" a cierto tipo de banquetes. Y terminada la comida, el orador invitado pronunciaba su lección y se exponía a las preguntas de los presentes y al diálogo entre todos los comensales. Incluso entre los fariseos Jesús era una personalidad. Y vestía mucho al tenerlo como comensal invitado. El evangelio de hoy es un caso típico de este tipo de banquetes. Aquí sólo vamos a detenernos en la segunda parte de la intervención de Jesús.
"Y dijo al que lo había invitado". Entre los comensales del banquete estaba, lógicamente, el que invitaba. Y a él se dirigió Jesús. Lo hacía con frecuencia, como puede verse en otros relatos evangélicos. Ser el invitado no coartaba su libertad. A lo mejor moderaba el tono de sus palabras. Pero nada más. Con frecuencia, la serenidad del ambiente y la pulcritud del discurso era un medio preferible a otros para decir en tono menor lo que realmente era de tono mayor, las grandes verdades.
Ten en cuenta a quien invitas. Éstas no son palabras literales de Jesús. Pero traducen claramente su mensaje: si invitas a quien puede invitarte, tu invitación entra en el mundo del negocio y en la dinámica de la obligación "social". Y esta dinámica, que parece normal y de buena educación, hace de ambos unos jugadores de cromos: yo te invito, tú me invitas; yo te regalo tú me regalas; yo te supero, tú me superas, etc. Son las "virtudes burguesas". Parecéis niños intercambiando cromos. Y la invitación, que puede tener su lado aceptable, se convierte en un dolor de cabeza, y con frecuencia también de cartera, que acaba maldiciendo el momento en que se entra en esta dinámica de las mutuas e "inevitables" invitaciones. La competitividad te ha perdido irremediablemente. No sabes como salir de allí. Estás atrapado y secuestrado.
Invita a quien no puede invitarte. Jesús corta por lo sano. Viene a decir: "No prolongues el martirio de las invitaciones". Corta por lo sano: invita a quien no puede invitarte, aunque quiera. Jesús enumera una serie de posibles invitados. Cuatro eran cuatro y ninguno era querido: "pobres, lisiados, cojos y ciegos". Es una enumeración simbólica, pero expresiva: Éstos ( y como ellos otros muchos) seguramente no van a invitarte. Pero te harán mucho bien: No prolongarán tu agonía de permanentes y cada vez más sofisticadas invitaciones . Estarás siempre por encima de ese mundo que atrapa, esclaviza y secuestra, y te ayudará a mantener y desarrollar valores que corremos el riesgo de perder ( y que probablemente hemos ya perdido en buena medida): la gratuidad, la compasión, el desinterés, la "in-utilidad". Son las "virtudes evangélicas". Y además, y como efecto directo de esta "despreciada" actitud, serás "dichoso". El evangelio no duda en utilizar esta palabra: "Dichoso tú". ¿No era eso, ser dichoso, lo que dices andar buscando?
Moraleja: He aquí dos mundos: el burgués y el evangélico. Casi es una profanación decir que cada uno tiene sus "virtudes".Pongamos la palabra "virtudes" entre comillas y cada uno vea donde se sitúa y en qué medida lo hace.





















