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V Centenario

Frase del Día

“Tenemos unos corazones tan apretados, que parece nos ha de faltar la tierra en queriéndonos descuidar un poco del cuerpo... -

Manos limpias y corazón sucio

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Jesús se enzarzaba frecuentemente con los fariseos y los escribas (letrados, dice la traducción que sigue la liturgia).

Los fariseos eran estrictos en la observancia de la Ley y en el mismo plano de la Ley ponían las tradiciones. Los escribas (letrados, maestros, doctores de la Ley), eran hombres versados en el estudio de la Biblia. Eran generalmente los fariseos y letrados quienes se acercaban a Jesús para ponerle a prueba, no Jesús quien se acercaba a ellos. Y en esos encuentros, casi siempre saltaban chispas. Jesús respondía unas veces con brevedad y naturalidad; otras veces lo hacía molesto y hasta… agresivo, sin que faltase la ironía.

1. Tradiciones y costumbres. Todos los pueblos tienen tradiciones o costumbres: fiestas, recuerdos, devociones, etc. Las costumbres forman parte de la vida. Sin tradiciones y costumbres, la creatividad es bastante menor de lo que se sospecha.

La costumbre es la cadena de transmisión generacional, casi tan importante como el cordón umbilical. También se daban costumbres en el pueblo de Israel, concretamente en tiempos de Jesús. Y Jesús no despreciaba las costumbres de su pueblo. Más aún, se unía a ellas. Se unía a ellas cuando, con 12 años, subió a las fiestas en Jerusalén con María y José “como de costumbre”

(Lc 2,42). Y en su pueblo, Nazaret, “según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado” (Lc 4,16. Algo así como, para nosotros, ir a misa el domingo), etc. La mayor parte de las costumbres son ambiguas; dependen.

2. “Corrompen las buenas costumbres”. San Pablo (por ir a los primeros cristianos) tomó de un poeta pagano esta afirmación: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres”. Hay muchas buenas costumbres corrompidas. Por ejemplo, la que nos recuerda hoy el evangelio: lavarse las manos antes de comer es una “buena costumbre”. “Pasarse” (restregando bien, haciendo espectáculo, exagerando, primando, etc.), lo menos que indica es una aprensión escrupulosa. Y, peor aún, poner en ello la calidad de la comida, del banquete, etc. es invertir la escala de valores. El evangelio lo extrapola a la actitud religiosa diciendo: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc 7,6). La distancia entre los labios y el corazón la conocemos todos. Y suele ser bastante larga y nefasta..

3. Labios limpios y corazón sucio. El evangelio, que conoce las “enfermedades costumbristas”, llama la atención sobre ellas y trae al primer plano unas vivencias hondas, escondidas y calladas, pero significativas y decisivas en la convivencia humana. Abriendo en canal a la persona –y a la sociedad- percibe no sólo unas manos, unos pies, unos labios, un cabello,etc. Percibe también un corazón, que late acompasado, lento o frenético. Y percibe que el corazón no es un órgano como los demás. Olvidado por no ser percibido ni exhibido, está siempre expuesto a ser olvidado. Pero está ahí, bombeando limpieza o suciedad. De él depende la vida y la calidad de vida. Los miembros del cuerpo bailan al son del corazón, lento o acelerado, sereno o estresado, amable o furioso, mano tendida o despreciada.

4. Del corazón sale todo. Hoy el evangelio, ante variadas exterioridades presuntuosas, llama la atención sobre la “suciedad del corazón”: “De dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfrenos, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y hacen al hombre sucio”. Es una rociada de primera.

5. “Bienaventurados los limpios de corazón”. La liturgia de hoy carga contra los “sucios de corazón”, que se esconden bajo la “limpieza de la piel”. Y ha llovido torrencialmente sobre los primeros. Haremos bien en detenernos este domingo en este aspecto, para que no se olvide. No es el domingo dedicado a recordar a los “limpios de corazón”, a quienes en el evangelio dedica nada menos que una de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los limpios de corazón”, y nada menos que… “porque ellos verán a Dios”. No es el día al que corresponde extenderse en esta dimensión positiva y hermosa del corazón, pero conviene recordarla, porque la denuncia y condena de la “suciedad del corazón” es tan fuerte que “descorazona” profundamente.

Moraleja: fortalecer las tradiciones, devociones y costumbres con la limpieza del corazón es una hermosa y necesaria tarea.

 

Actualizado (Lunes, 31 de Agosto de 2015 06:58)

 

“Carmen de nuestra parroquia”

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El martes 7 de julio dio comienzo la la tradicional novena a la Virgen del Carmen, patrona de nuestra parroquia, que este año fue predicada por el P. Pedro Saiz García (OCD) los actos culminaron con la fiesta del día 16.

Fueron nueve días en los que las celebraciones parroquiales centran su reflexión en torno a Nuestra Señora del Carmen, que durante todo el año intenta ser nuestro modelo a la hora de ser más fieles seguidores de Jesús.

Durante la novena la iglesia se va adornado como la ocasión se merece, las flores abundan, y las oraciones aumentan.

El día 16 a las 8 de la tarde comenzó la Eucaristía solemne, presidida por el obispo de la diócesis Monseñor Luis Quinteiro Fiuza, concelebrada con los Carmelitas de la Comunidad, a la que asistieron, además de multitud de devotos, autoridades civiles y militares: concejales del ayuntamiento, así como oficiales de la Armada, Policía Nacional y Guardia Civil, invitados por la comunidad de PP. Carmelitas, el Consejo de Pastoral Parroquial y la Cofradía de la Virgen del Carmen.

Actualizado (Domingo, 23 de Agosto de 2015 23:48)

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Carmen de Nuestra Señora

En el ya lejano 1974 Pablo VI escribió una hermosa Exhortación mariana (Marialis cultus), que no ha sido todavía superada. En ella hablaba, en un determinado momento, de las celebraciones marianas “eclesiales” y añadía algunas de carácter local que, por determinadas circunstancias, el pueblo las había convertido en “eclesiales” (del pueblo de Dios en general, que eso es la Iglesia) y el Papa mismo las asumía como tales. No eran muchas. El título de “eclesiales” es una categoría demasiado importante y noble para ser sembrada a voleo. Pues bien, entre esas advocaciones y celebraciones particulares, a las que el pueblo universal ha reconocido como “eclesiales”. y el Papa las asume como tales, recordaba Pablo VI la Virgen del Carmen y la Virgen del Rosario. He aquí sus palabras: hay fiestas marianas “celebradas originariamente en determinadas familias religiosas [Carmelitas y Dominicos respectivamente], pero que hoy, por la difusión alcanzada, pueden considerarse verdaderamente eclesiales (16 de julio: la Virgen del Carmen; 7 de octubre: la Virgen del Rosario”.

1 “Carmen de nuestra Señora”. Estas palabras son la traducción poética de una afirmación familiar entre los Carmelitas y que viene ya de atrás, nada menos que del Papa León XIII: “El Carmelo es todo de María”. El día que los Carmelitas celebran el día de todos los santos del Carmelo (18/11) rezan precisamente así: “Carmen de nuestra Señora / al despuntar la alborada / canta música callada /en tu soledad sonora”. Esta estrofa cae también perfectamente para esta festividad de Nuestra Señora del Carmen. La inspiración sanjuanista (de san Juan de la Cruz) abre la puerta al recuerdo de quienes en el Carmelo han seguido los pasos de “la primera carmelita”, la Virgen María bajo su advocación del Carmen, título que le viene de la cordillera del Monte Carmelo, donde los primeros Carmelitas le dieron culto.

2. “La difusión alcanzada”. Pablo VI reconocía que esta devoción a la Virgen bajo el título del Carmen fue en un principio devoción en el interior de una determinada familia religiosa, la familia del Carmelo. Pero añadía que tal devoción salió de los límites estrechos de la familia carmelitana para ser compartida por todo el pueblo de Dios, en unos lugares más que en otros, pero, en cualquier caso, alcanzando verdadera difusión, universalidad. Y dentro de ese pueblo de Dios, hay lugares en los que tal difusión adquiere un sentido peculiar, más llamativo, cuantitativamente masivo y comunitariamente más recordado y celebrado. Que una Parroquia lleve el título de Nuestra Señora del Carmen y que sus feligreses la tengan a tiro, desde que nacen hasta que mueren, no debería ser un dato irrelevante. Y que un paisaje hermoso como es Galicia, con su mar y su gente pescadora, de la que es patrona la Virgen del Carmen (Loba de mar, la llamó el poeta: “Que eres loba de mar y remadora /Virgen del Carmen, y patrona mía”), la celebre con procesiones marineras y con gente de a pie por sus calles, sólo debería llamar la atención de su gente noble y agradecida.

3. “Nuestra Señora del Carmen”. Es el título de Nuestra parroquia. Jugando a ser “poetas” podríamos extrapolar lo que señalábamos antes diciendo: “Carmen de Nuestra Parroquia…”.  En estos días de celebraciones, desde las más recogidas hasta las externamente más expresivas, nosotros parecemos esa pequeña “familia” que se ve desbordada por el aluvión de hermanos que nos visitan para celebrar una fiesta de agradecimiento y esperanza. A todos ellos los acogemos en la misma devoción mariana que, sin duda, se hace recuerdo a lo largo de un nuevo año, el que va “de Carmen a Carmen”.

 

Oración a la virgen del Carmen

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Señora nuestra del Carmen:

Tú presides la vida de nuestra Parroquia. A lo largo del año nos acompañas en los momentos alegres y en los momentos dolorosos. Acoges la vida de los que nacen y de los que mueren. Por eso, queremos renovar en este día nuestro recuerdo, agradecimiento y petición.

Recordamos tu sencillez y entrega, acogedora de la voluntad de Dios y comprometida fielmente con esa voluntad. Recordamos tu oración hecha agradecimiento a Dios, que hace cosas grandes con los pequeños y hace saber a los soberbios que no son nada. Recordamos tu cercanía a los necesitados cuando por ellos intercedías ante Jesús.

Te agradecemos las muestras de afecto maternal con los hombres y mujeres de siempre y de nuestros días, los sentimientos de solidaridad que suscitas en la humanidad y el ejemplo y fortaleza que prestas a nuestra debilidad. Te agradecemos el Escapulario como signo de amor y cercanía, signo también de humildad y sencillez.

Y te pedimos que sigas acompañando nuestros buenos deseos, el pequeño trabajo que realizamos. Que tu protección vele solícita por los fieles de esta Parroquia dedicada a tu nombre, de quienes aquí te veneran y de quienes ponen en ti su confianza. Amén.

Actualizado (Martes, 07 de Julio de 2015 16:33)