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V Centenario

Frase del Día

“La gracia del Espíritu Santo… le haya dado esta Pascua tantos bienes y dones suyos que pueda con ellos servir a su Majestad lo mucho que le debe” (Santa Teresa de Jesús) -

Un nuevo Pentecostés, un canto a la libertad

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Desde la preparación para la celebración del Concilio Vaticano II, Juan XXIII nos fue acostumbrando a hablar de un nuevo Pentecostés. Compuso una oración en la que se pedía que el Concilio fuera como “un nuevo Pentecostés”. La expresión hizo fortuna y nosotros nos hemos acostumbrado a repetir esa petición para muchos acontecimientos de la vida, eclesial y civil. Hoy, que celebramos la Solemnidad de Pentecostés, el recuerdo de aquel primer Pentecostés, es una buena ocasión para reiterar petición tan hermosa: que también en nuestro tiempo tenga lugar un nuevo Pentecostés.

1. “Al llegar el día de Pentecostés”. Es decir, a los cincuenta días a contar desde la resurrección de Jesús, reunidos los seguidores íntimos del Maestro, con María a la cabeza, tuvo lugar un suceso “espectacular”. Como si se hubiese oído “un viento recio”, aquel grupo de seguidores se levantó de su postración y sintió que de la cabeza a los pies eran personas distintas. Algo les había sucedido y no sabían bien qué era aquello. Posteriormente dirían sólo que “se llenaron de Espíritu Santo”. Hombres miedosos como eran, de pensamiento terreno y mezquino (les interesaba más el reino de Israel que el reino de Dios), con la cabeza en la barca que tres años antes habían abandonado en Galilea…, se volvían ahora en otro mundo de preocupaciones e intereses. ¡No se les conocía! Eran criaturas nuevas, casi sin estrenar. ¿Qué había sucedido?
 

2. “El viento sopla y oyes su voz”. Viento y espíritu significan lo mismo. Y para comprender un poco el espíritu –y el Espíritu- es bueno acercarse al viento, experiencia cercana a todo viviente. Del viento suave al viento huracanado hay muy diversas formas de presencia del viento. La experiencia más elemental lo sabe. Y las propiedades de esas diversas formas son también conocidas, amadas unas y temidas otras. A veces el viento “silba” con fuerza y da miedo. Otras veces “acaricia” con suavidad y da gusto.

3. “Pero nadie sabe de dónde viene ni adónde va”. El viento suave esconde su origen, pero es una realidad siempre presente. Sin “viento” no se podría vivir. El viento tiene un deje de misterio acompañante. Es un poco “caprichoso”, con frecuencia se voltea (“ha cambiado el viento”, decimos) y nos hace cambiar a nosotros de rumbo. Es libre (es imagen adecuada de libertad), quiere libertad a la vez que la engendra y sus ritmos a veces desconciertan y descolocan. La ciencia cerrada es monótona, aburre y languidece. ¡Un poco de locura nunca viene mal!

4. “Así es todo lo que nace del Espíritu”. Los que reciben y acogen el Espíritu, y sobre todo los que se llenan del Espíritu (porque también el Espíritu tiene niveles y ritmos distintos), con frecuencia no son conscientes de la dirección que toman. Sólo saben que una especial suavidad o un sorprendente impulso les empuja a vivir… también de manera distinta, con frecuencia llamativa, para ellos y para los demás. Con frecuencia parecen locuras (y es de cuerdos atender a que no lo sean en realidad), pero sin locos el mundo sería un poco aburrido.

Moraleja: ¡Ven, Espíritu Santo! Espolea nuestra vida, porque la que tenemos se anquilosa con frecuencia, decae y, decimos, “se muere” (“nos muere, o nos mata”), sin darnos cuenta.

Actualizado (Jueves, 21 de Mayo de 2015 18:44)