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“En su nombre y en el de sus hermanos, pidió [Jesús] esta petición: ‘El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor’” (Santa Teresa  de Jes... -

Una catequesis difícil

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La multiplicación de los panes y los peces (de lo que hablaba la liturgia del pasado domingo) no acabó tan sencillamente como podría dar a entender la narración evangélica. Un acto tan “sonado” para aquella multitud hambrienta dejó huella. Seguir esa huella y entenderla no era fácil. Ya el final del evangelio del pasado domingo transmitía cuál había sido la expresión de los comensales: “¡Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo!”. Y ahí mismo se añadía la respuesta silenciosa de Jesús: “Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo”. A Jesús se le podía escapar de las manos la situación y lo evitó. Pero no tenía fácil presentarse ahora a aquella multitud que había comido hasta saciarse y había visto un él un “salvador”, es decir, un señor que daba pan a los hambrientos.

1. La multitud vuelve a la escena. La multitud, tantas veces olvidadiza, no lo fue en esta ocasión. Quería seguir cerca de Jesús. Era normal. Las personas con hambre –hambre de pan- y sin expectativas de mejoría se agarran a un clavo ardiendo. Y hace bien. No comer es trágico. Jesús no se les podía escapar, era su garantía, había que buscarlo. Y es lo que hicieron. Y como “el que busca encuentra”, dieron con Jesús. Estaba ya alejado del lugar del encuentro, pero dieron con él e hicieron otro lugar de encentro. Y le rodearon. “Maestro” –le dijeron- “¿cuándo has venido aquí?”. Más que una explicación la multitud quería seguir con Jesús. Les había ido bien.

2. El saludo de Jesús. Es cierto que Jesús, que ya desde antes de comenzar su ministerio (en el desierto) tenía muy claro que “no sólo de pan vive el hombre”, tenía difícil relativizar la saciedad de que había gozado, por un día, la multitud hambrienta. Pero tenía que enderezar aquello: el pan era necesario, pero insuficiente. Y decirle esto a quien hambriento se harta de pan, no es fácil. Hay que comprenderlo, so pena de acusar a Jesús de desinterés por los necesitados y marginados (cosa no cierta, desde luego). Y Jesús les saludó de manera dura (seguramente nos parecerá demasiado dura): “Os lo aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”. Fueron unas palabras de choque, de las que asustan un poco y hacen pensar.

3. Las preguntas abren el diálogo. Parece que aquellos hambrientos no se sintieron demasiado molestos con las duras palabras de Jesús. La multitud no dijo: “Nosotros lo que queremos es comer”. Aun pudiendo haberlo dicho, porque es digno querer comer cuando se tiene hambre, se abrieron al diálogo con Jesús. Éste les había hablado de signos: “No [estáis aquí] porque habéis visto signos”; no estáis aquí por eso. El pan parecía retroceder ahora unos pasos; pero no era así. El pan, el alimento, seguía estando en el centro del diálogo. El problema seguía estando en el pan y era cuestión de aclararse. La multitud tenía ya experiencia de que en otros momentos  de su historia, a sus antepasados les habían regalado pan: “Nuestros padres comieron  el maná en el desierto, como está escrito: ‘les dio a comer pan del cielo’”. Para la multitud Jesús parecía ser la segunda edición ampliada y mejorada de aquella experiencia. No veían otra cosa. ¿De qué signos hablaba Jesús? ¿Qué novedad presentaba Jesús?

4. La novedad de Jesús. Jesús parecía decir:Yo no soy la segunda edición de lo ya sucedido con anterioridad en nuestro pueblo. No doy de comer unos días que sean de nuevo la antesala de una vida de hambre que vuelva con más fuerza”. La novedad de Jesús estaba en superar la interinidad y provisionalidad de quienes le habían precedido (Moisés, los profetas, etc.) y de sus ofertas. Ahora el pan iba a ser un pan distinto (no contrario).  Él (Jesús) no era Moisés, ni era un profeta. Sin saber bien lo que decía esa multitud, ella lo había percibido de alguna manera: “Este sí que es el profeta que habría de venir”. Él no se contentaba con dar pan; Él era el pan, el verdadero pan, el que sacia toda hambre: “Yo soy el pan de vida”. Comer este pan asegura un alimento permanente y de más vuelos: “El que viene a mí no pasará hambre”. Eran palabras novedosas. Seguramente tampoco ahora entendieron bien a Jesús. A pesar de ello, les salió de dentro la expresión de un deseo: “¡Señor, danos siempre de este pan!”. La catequesis debería continuar, no sería una catequesis sencilla y tranquila. A ella quedamos también nosotros hasta otro momento.

Moraleja: “Vosotros me buscáis no porque…, sino porque…” (cierra tú la frase de Jesús). 

Actualizado (Jueves, 30 de Julio de 2015 14:56)

 

“El hombre se muere de hambre, y están repletas las mesas”

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En más de una ocasión la Liturgia recuerda la multiplicación de los panes y los peces. Lo hace también en este domingo en las lecturas primera y tercera. Con varias diferencias entre ambas lecturas (diferencias que no viene al caso indicar aquí). Es una ocasión propicia para recordar también una vez más el misterio del hambre humana y de la solidaridad que reparta lo poco o mucho de que la humanidad disponga para dar de comer a la gente. Unos versos excelentes de José Luis Martín Descalzo en una letrilla dedicada a santa Teresa para ser cantada en 1982 nos va a servir para esta breve reflexión. La canción se titula: “Enséñanos el amor, Teresa, madre Teresa”. Y el núcleo de la canción dice así: “El hombre se muere de hambre, / y están repletas sus mesas. / Lo que falta es repartir, entre todos la pobreza”.

1. “El hombre se muere de hambre”. Yo no me muero de hambre. Y aquellos a quienes yo conozco directamente, tampoco. Y puede ser que en diversos contextos se manipulen las cifras de pobres para sacar rentabilidad a estrategias no siempre limpias. Pero sí me creo que hay muchos millones de hombres y mujeres que no sólo pasan hambre, sino que, incluso, mueren de hambre. Y entre esos millones hay un altísimo número de niños, los hombres –y mujeres- más desprotegidos y más manipulados. No es exagerado dar la categoría de “drama” a esta realidad humana (no simplemente sociológica).

2. “Y están repletas las mesas”. Las redes sociales ponen ante los ojos (también se come por los ojos) banquetes  llamativos y sofisticados, programas de buen comer y buen beber, sobras que darían de comer a muchísimos “lázaros” a quienes… nadie se las da. Tan llenas están las mesas que hay que vaciarlas… en el mar, para que el precio de los alimentos no bajen de precio (y algo parecido se diga de otros “escaparates”). Nunca la humanidad ha dispuesto de tantos “alimentos” (de tantas disponibilidades humanas; quizá sí de tanta sofisticación de y de tanta desigualdad; pero no de tanta cantidad y calidad). 

3. “Lo que falta es repartir, / entre todos la pobreza”. Alguien dijo que si todos fuéramos más pobres habría menos miseria en el mundo. El tener nos puede, un poder que se identifica con acumular, una palabra que indica añadir a lo que ya se tiene. Hasta nos hemos permitido inventar unas “llamativas” matemáticas de Dios: “Cuanto más das, más tienes”. Quizá sus inventores pensaron que así iba a disminuir la codicia en el mundo. Pero parece que se equivocaron. Cuando el que da vea cómo disminuye en bolsillo, dejará de dar. Y hasta pensará cómo recobrar lo que había dado. Ya se ve que algunos somos torpes en matemáticas, porque en matemática humana, cuanto más das, menos tienes. Y esta es regalo que el hombre recibe, porque

4. “Cuando el hombre tiene más, / menos sabe de alegría”. Cuando san Pablo se despidió de los cristianos de Éfeso camino del martirio que habría de sufrir en Roma, sus últimas palabras fueron éstas: “Hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: ‘Mayor alegría hay en dar que en recibir” (son palabras que literalmente no las recogen los evangelios. El Evangelio no recoge todo lo que hizo y dijo Jesús. El testimonio de san Pablo hace fe de que esas palabras fueron pronunciadas por el Señor Jesús). Seguramente no faltarán “cristianos” que digan: “Ese Jesús estaba loco. No me extraña que le mataran”. Claro.

Moraleja: “Multiplicar panes y peces” carece de sentido si no se reparte lo que se multiplica. Hemos adelantado más en multiplicar que en repartir. Lo primero nos encanta; lo segundo nos da alergia.

Actualizado (Jueves, 23 de Julio de 2015 14:43)

 

“Carmen de nuestra parroquia”

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El martes 7 de julio dio comienzo la la tradicional novena a la Virgen del Carmen, patrona de nuestra parroquia, que este año fue predicada por el P. Pedro Saiz García (OCD) los actos culminaron con la fiesta del día 16.

Fueron nueve días en los que las celebraciones parroquiales centran su reflexión en torno a Nuestra Señora del Carmen, que durante todo el año intenta ser nuestro modelo a la hora de ser más fieles seguidores de Jesús.

Durante la novena la iglesia se va adornado como la ocasión se merece, las flores abundan, y las oraciones aumentan.

El día 16 a las 8 de la tarde comenzó la Eucaristía solemne, presidida por el obispo de la diócesis Monseñor Luis Quinteiro Fiuza, concelebrada con los Carmelitas de la Comunidad, a la que asistieron, además de multitud de devotos, autoridades civiles y militares: concejales del ayuntamiento, así como oficiales de la Armada, Policía Nacional y Guardia Civil, invitados por la comunidad de PP. Carmelitas, el Consejo de Pastoral Parroquial y la Cofradía de la Virgen del Carmen.

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El templo estaba hasta los topes, y fueron muchas personas las que tuvieron que seguir la celebración desde el exterior. Los niños que durante este año recibieron su Primera Comunión, tenían un lugar reservado en el presbiterio. La coral URECA, que este año estrenó un repertorio más Mariano, fue la encargada de cantar la eucaristía.

El obispo centró su homilía en torno a la devoción a la Virgen María y la forma de descubrir a Dios en lo sencillo, «Igual que el profeta Elias descubrió a Dios en una pequeña nubecilla».

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Continuó hablando de la fe de los hombres y mujeres del mar «Gente sencilla, que ante las situaciones difíciles se abraza a la Virgen del Carmen y le piden su protección». También expresó que esa actitud es la verdadera devoción a la Virgen: «Reconocer quién es María, el misterio que la envuelve y, por tanto, alabarla y dar gracias a Dios». El prelado recalcó que el amor de María «es un amor que debemos imitar todos».

Por último recordó que estamos celebrando el 500 aniversario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, quien supo descubrir los valores que transmite la Virgen del Carmen y contagiarlos.

Terminada la eucaristía, con una suelta de palomas dio comienzo la procesión que recorrió las calles del barrio.

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El trono de la virgen es sacado a hombros por un grupo de costaleros, que año tras año se va renovando, como vienen haciendo los últimos años, el grupo de jóvenes de la parroquia, "Descalzitos", saca a hombros la imagen del Niño Jesús de Praga, y un grupo regional acompañó a la Virgen durante todo el recorrido y ofrecieron como homenaje a a la patrona baile y música tradicional gallega.

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Terminada la procesión, volvió la Madre a su templo, los fieles la recibieron entre aplausos y gritos de “viva la Virgen del Carmen”, como broche final, se procedió al canto de la Salve Marinera, que es el momento más emocionante de toda la celebración, al terminar el canto los costaleros alzaron el trono de la Virgen, es en este momento cuando todos los asistentes puestos en pie rompieron en una prolongada ovación.

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Antes de despedirnos, el párroco, P. Ángel, agradeció la asistencia del obispo, de las autoridades y fieles, así como el trabajo de todos los que año tras año hacen posible la celebración de todos estos actos, cada vez más concurridos.

 

Actualizado (Sábado, 18 de Julio de 2015 05:47)

 

Carmen de Nuestra Señora

En el ya lejano 1974 Pablo VI escribió una hermosa Exhortación mariana (Marialis cultus), que no ha sido todavía superada. En ella hablaba, en un determinado momento, de las celebraciones marianas “eclesiales” y añadía algunas de carácter local que, por determinadas circunstancias, el pueblo las había convertido en “eclesiales” (del pueblo de Dios en general, que eso es la Iglesia) y el Papa mismo las asumía como tales. No eran muchas. El título de “eclesiales” es una categoría demasiado importante y noble para ser sembrada a voleo. Pues bien, entre esas advocaciones y celebraciones particulares, a las que el pueblo universal ha reconocido como “eclesiales”. y el Papa las asume como tales, recordaba Pablo VI la Virgen del Carmen y la Virgen del Rosario. He aquí sus palabras: hay fiestas marianas “celebradas originariamente en determinadas familias religiosas [Carmelitas y Dominicos respectivamente], pero que hoy, por la difusión alcanzada, pueden considerarse verdaderamente eclesiales (16 de julio: la Virgen del Carmen; 7 de octubre: la Virgen del Rosario”.

1 “Carmen de nuestra Señora”. Estas palabras son la traducción poética de una afirmación familiar entre los Carmelitas y que viene ya de atrás, nada menos que del Papa León XIII: “El Carmelo es todo de María”. El día que los Carmelitas celebran el día de todos los santos del Carmelo (18/11) rezan precisamente así: “Carmen de nuestra Señora / al despuntar la alborada / canta música callada /en tu soledad sonora”. Esta estrofa cae también perfectamente para esta festividad de Nuestra Señora del Carmen. La inspiración sanjuanista (de san Juan de la Cruz) abre la puerta al recuerdo de quienes en el Carmelo han seguido los pasos de “la primera carmelita”, la Virgen María bajo su advocación del Carmen, título que le viene de la cordillera del Monte Carmelo, donde los primeros Carmelitas le dieron culto.

2. “La difusión alcanzada”. Pablo VI reconocía que esta devoción a la Virgen bajo el título del Carmen fue en un principio devoción en el interior de una determinada familia religiosa, la familia del Carmelo. Pero añadía que tal devoción salió de los límites estrechos de la familia carmelitana para ser compartida por todo el pueblo de Dios, en unos lugares más que en otros, pero, en cualquier caso, alcanzando verdadera difusión, universalidad. Y dentro de ese pueblo de Dios, hay lugares en los que tal difusión adquiere un sentido peculiar, más llamativo, cuantitativamente masivo y comunitariamente más recordado y celebrado. Que una Parroquia lleve el título de Nuestra Señora del Carmen y que sus feligreses la tengan a tiro, desde que nacen hasta que mueren, no debería ser un dato irrelevante. Y que un paisaje hermoso como es Galicia, con su mar y su gente pescadora, de la que es patrona la Virgen del Carmen (Loba de mar, la llamó el poeta: “Que eres loba de mar y remadora /Virgen del Carmen, y patrona mía”), la celebre con procesiones marineras y con gente de a pie por sus calles, sólo debería llamar la atención de su gente noble y agradecida.

3. “Nuestra Señora del Carmen”. Es el título de Nuestra parroquia. Jugando a ser “poetas” podríamos extrapolar lo que señalábamos antes diciendo: “Carmen de Nuestra Parroquia…”.  En estos días de celebraciones, desde las más recogidas hasta las externamente más expresivas, nosotros parecemos esa pequeña “familia” que se ve desbordada por el aluvión de hermanos que nos visitan para celebrar una fiesta de agradecimiento y esperanza. A todos ellos los acogemos en la misma devoción mariana que, sin duda, se hace recuerdo a lo largo de un nuevo año, el que va “de Carmen a Carmen”.

 

Oración a la virgen del Carmen

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Señora nuestra del Carmen:

Tú presides la vida de nuestra Parroquia. A lo largo del año nos acompañas en los momentos alegres y en los momentos dolorosos. Acoges la vida de los que nacen y de los que mueren. Por eso, queremos renovar en este día nuestro recuerdo, agradecimiento y petición.

Recordamos tu sencillez y entrega, acogedora de la voluntad de Dios y comprometida fielmente con esa voluntad. Recordamos tu oración hecha agradecimiento a Dios, que hace cosas grandes con los pequeños y hace saber a los soberbios que no son nada. Recordamos tu cercanía a los necesitados cuando por ellos intercedías ante Jesús.

Te agradecemos las muestras de afecto maternal con los hombres y mujeres de siempre y de nuestros días, los sentimientos de solidaridad que suscitas en la humanidad y el ejemplo y fortaleza que prestas a nuestra debilidad. Te agradecemos el Escapulario como signo de amor y cercanía, signo también de humildad y sencillez.

Y te pedimos que sigas acompañando nuestros buenos deseos, el pequeño trabajo que realizamos. Que tu protección vele solícita por los fieles de esta Parroquia dedicada a tu nombre, de quienes aquí te veneran y de quienes ponen en ti su confianza. Amén.

Actualizado (Martes, 07 de Julio de 2015 16:33)